El enfoque visual se diseñó deliberadamente para que fuera limpio, neutro y muy estructurado, utilizando un sistema de interfaz sobrio con colores de contraste sutiles para evitar que restaran protagonismo a las imágenes del destino.
Esto permitió que la fotografía se convirtiera en el principal elemento visual, aportando color, energía y emoción a la experiencia, al tiempo que confería a la interfaz un carácter refinado y elegante, en consonancia con el sector turístico.